Masacre, memoria y justicia en Guatemala
Óscar vive indocumentado en Boston, tiene esposa y tres hijos. Un día lo contactó una fiscal de Guatemala que decía investigar la matanza de un pueblo entero: más de 250 hombres, mujeres y niños. Un par de días después le escribió con más detalles. Óscar no quería problemas, la cosa no le daba buena espina, pero abrió el correo.
“Usted no me conoce”, empezaba.
“Yo tengo conocimiento que usted fue muy querido y bien tratado por la familia con quienes se crió”, escribió la fiscal. “Yo espero que todo esto que le estoy contando usted tenga la suficiente madurez para asimilarlo de una manera adecuada.”
Esta historia también puede ser escuchada en el último episodio de This American Life
Por Sebastian Rotella y Ana Arana | Fundación MEPI y ProPublica | mayo 2012
Dame el tuyo, toma el mío
La periodista y su esposo participan por primera vez en una fiesta de swingers.
Hay quienes creen que los swingers están pasando de moda en Europa y en Estados Unidos porque a la gente le gusta más comprar que intercambiar. Prefieren gastarse el dinero de sus vacaciones haciendo turismo sexual, dejarse de cortejos y rodeos y pagar por una prostituta o un prostituto en lugar de ofrendar algo, digamos, tan tuyo. No recuerdo quién decía que el sexo es una de las cosas más bonitas, naturales y gratificantes que uno puede comprar. Los swingers podrían confundirse, así, con personas generosas y desinteresadas que no compran ni venden nada. A mí nunca me gustó intercambiar: siempre he tenido arrebatos de generosidad, egoísmos repentinos, ingratitudes y pequeños robos. Esta noche me siento preparada para que me paguen con la misma moneda. O con un poco menos.
Por Gabriela Wiener | Etiqueta Negra | Republicado en Crónicas Periodísticas
Coleccionar la furia
Ángel Sánches, árbitro retirado, tiene en su casa un museo de los objetos que le lanzaron desde las tribunas.
-Le faltó la moneda que le tiró el hincha de Cobreloa, en Chile, en los octavos de final de la Libertadores del 2002, y lo dejó inconsciente –dice Marita.
-Sí, porque el estado de salud no me lo permitió. No tuve forma de levantarla porque quedé desmayado. Si me la hubieran tirado con la mano no pasaba nada. Pero me dieron un hondazo que me cortó la frente.
Por Gloria Ziegler | Revista Anfibia | 14 mayo 2012
Fuentes vuelve
Martín Caparrós entrevista a Carlos Fuentes.
Lo que yo nunca querría es ser estatua: a las estatuas las cagan las palomas. En cambio una estampilla me gustaría más. Es bonito eso de la estampilla: sirves para la comunicación y, además, te están lamiendo todo el tiempo.
Por Martín Caparrós | Blogs El País | 16 mayo 2012 (original de 2001)
Lo que sé
Estoy obsesionado con la muerte. Me parece una aventura. Peter Pan lo dijo. Curioso que lo cite, porque no me gusta J. M. Barrie. Detesto cómo ha sentimentalizado a los chicos, cómo los ha hecho bonitos y encantadores. Pero si uno mira el corazón de Peter Pan, es un chico obsesionado con la muerte, con miedo de vivir.
Por Maurice Sendak | Página/12 | mayo 2012 | vía dubquixote
En alabanza del aburrimiento
Esto es lo que significa ser insignificante. Si se necesita un aburrimiento que paralice la voluntad, bienvenido el aburrimiento. Somos insignificantes porque somos finitos. Pero mientras más finita es una cosa, más cargada está de vida, emociones, dicha, temor, compasión. Pues el infinito no es ni muy vivo ni muy emocional. Nuestro aburrimiento nos enseña al menos esto, porque nuestro aburrimiento es el aburrimiento del infinito.
Por Joseph Brodsky | El Malpensante | diciembre 2005
La tarde en que maté a mamá
Casi todos hemos deseado matar a nuestra madre, pero muy pocos lo hemos hecho. Soy de esos pocos, aunque no me siento orgulloso. Lo cuento sólo porque esta tarde, en medio de un aguacero torrencial, mientras me escampaba bajo un paradero de buses, me acordé de ese día ya lejano en que maté a mamá.
Por Luis Miguel Rivas | El Espectador | 29 abril 2010
Cesare Pavese
Algo va mal en este artículo. Mi intención era recordar a un escritor que admiro, y ya se ve que la admiración ha amainado. Lo comento con una amiga, por teléfono, a quien no le gusta y nunca le ha gustado Pavese. Tal vez la primera vez que leíste El oficio de vivir, me dice, querías suicidarte. Todos los estudiantes de literatura quieren suicidarse, dice, y yo me río pero enseguida respondo, con pavesiana seriedad, que no, que nunca quise suicidarme. Tal vez entonces, a los veinte años, me impresionaba la forma de expresar el malestar; la descripción precisa de un dolor que parecía enorme y que sin embargo no rivalizaba con la posibilidad de plasmarlo.
Por Alejandro Zambra | Letras Libres | diciembre 2008
Cromwell, el cajero generoso
El protagonista de esta historia me jodió la tarde. Él no lo recuerda, fue hace tiempo. La única vez que lo visité en la céntrica prisión en la que lo encerraron, Cromwell Gálvez huyó de mí y se apresuró a decir que no hablaba con la prensa. Le habían quitado la libertad pero la fama insistía en quedársele, no podía sacársela de encima ni dentro de los cuatro muros de una celda. Cromwell, el hombre que había robado un banco durante años sólo para poder acostarse con las vedettes más deseables de Lima, estaba finalmente preso y las carátulas de los diarios populares seguían poniendo su fotografía junto a letras grandes multicolores.
Por Juan Manuel Robles | Gatopardo | febrero 2007 (republicado en Crónicas Periodísticas)
El rey de la muerte
Una tarde fui a conocer al dictador más malvado del mundo. Su nombre es Charles Taylor, gobernaba Liberia y era un asesino en serie con el disfraz de un presidente. Había ido a entrevistarlo a su residencia de Monrovia, la capital de ese país, en los días que había ordenado exorcizar su palacio presidencial.
Por John Lee Anderson | Etiqueta Negra | abril 2012
